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  • Lobsang Salguero-Barrera

El tigre y el látigo


El tigre es un animal salvaje por naturaleza, sigiloso, inteligente y magnético, su espacio natural es la selva donde su solo gruñido hace que los animales huyan o se petrifiquen de miedo, sus rayas y colores lo hacen resaltar entre los demás, su objetivo no es pasar desapercibido, debe hacerse notar. Es su naturaleza.

Hace muchos años su especie fue capturada por humanos, quienes al usar argumentos de fuerza, látigos y barrotes lo sometieron a sus deseos, bien sea para usar sus pieles y adornar sus salas o bien, para hacerlos rugir a voluntad, incluso para acompañar a sus príncipes a tomar el té.

Para someterlo, sus captores a quienes abrazan y acarician movidos por el temor a no tener comida o recibir algún castigo, limitan su espacio para moverse, racionan su alimentación justo al limite que los vuelva poco rentables, por supuesto que sacan lustre a sus rayas y a sus colores, finalmente es su fiereza sometida y su diferencia con otros animales lo que lo hace interesante.


-Cazzzzingggg, sonó el látigo que golpeó su lomo, una silla separaba al domador de sus garras, y a pesar de no entender exactamente lo que quería el humano, hizo lo que pensó que le garantizaría su comida, miraba a sus lados y sus compañeros tigres hacían lo mismo, saltaban y gruñían a la orden de su humano, no era su idea de vida perfecta, pero esa era la que él tenía y eso le garantizaba su comida y no ser golpeado.

-Cazzzzzzzingggg ahora sus patas traseras ardían como si un leño ardiente se hubiera acomodado allí, miró a su derecha y el tigre viejo lo estaba mirando con su único ojo en buen estado, le decía con la mirada que bajara la cabeza que hiciera lo que su humano le pedía, en ese momento, el tigre recordó cuando el látigo no golpeo el lomo de su compañero, si no su ojo, desprendiéndolo así de su cara.



Las historias de sus viejos compañeros de celda, el dolor de cada golpe, el miedo de todos los días, el no recibir comida, maldecir con todo su corazón esas rayas negras y naranja que lo hacían diferente, odiar a su humano, odiar el látigo, la silla, la celda. El tigre saltó por encima de la silla que el humano sostenía con su mano izquierda mientras agitaba su látigo, sus rodillas sonaron como un trozo de árbol que se rompe, tantos años de estar sometido en un espacio diminuto le han quitado agilidad, los tigres amigos e incluso el sabio mico miraron de reojo, temerosos por él, envidia por su decisión y preocupación por lo que les tocaría a ellos aguantar.


El humano tuvo miedo, en sus ojos el tigre vio la sorpresa de lo inesperado, el látigo cayó, ya no dolió, lo hizo impulsarse con más fuerza, puso su pata derecha sobre el pecho del humano se apoyó y saltó con fuerza afuera de la jaula, sentía una mezcla de emociones en su corazón de tigre miedo, felicidad, incertidumbre por la comida que no recibiría, o peor aun por lo que pasaría, pero alegría porque volvería a cazar como antes. La vida comenzó y una vida terminó.


Cuando una organización contrata a un empleado, surgen dos tipos de contratos, el formal que está escrito en un documento legal que formaliza la relación a cambio de una suma de dinero cada dos o cuatro semanas y uno que se da en la mente del empleado basado en las promesas que le hace el empleador, allí caen promesas de capacitación, crecimiento personal, viajes, bonificaciones, estabilidad y buen ambiente laboral, cuando la organización, o sus directivos actúan en nombre de ellas, no cumplen con las promesas formuladas se produce un rompimiento en ese contrato, es el contrato psicológico y por esa razón se dan situaciones que afectan a la compañía como renuncias, bajo rendimiento, burnout, estos empleados se convierten en multiplicadores negativos en lugar de motivadores al crecimiento y compromiso con la empresa.


El látigo representado en políticas corporativas rígidas enfocadas a presionar al empleado a ajustarse a estándares no negociados, la amenaza constante con la suspensión de la limitada ración alimenticia, dosificada de manera metódica, sin logros por alcanzar a pesar de hacer piruetas que no estaban en el libreto y enriquecen el espectáculo, son constantes amenazas que no hacen dócil al tigre, lo maltratan al tratar de quebrantar su voluntad, solo hacen que cuando los tigres se reúnen a tomar agua o café en el caso de las empresas, la rabia por el látigo, la inconformidad por la pequeña dosis de comida, la rabia por ver como al caballo lo recompensan solo por su belleza y pelaje, se convierte en virus nefasto que van carcomiendo a las organizaciones desde su base.


Si son empresas productoras de bienes seguramente se verá reflejado en bajos estándares de calidad, ausentismo, malas prácticas, bajo rendimiento y si son organizaciones prestadoras de servicios, la ruptura del contrato psicológico se dará en la atención, la calidad de la entrega e incluso puede derivar con el tiempo en boicots internos; un empleado que aporta, que crea, que innova y no es motivado o por el contrario es castrado por la organización va a reaccionar tarde o temprano ante el látigo como nuestro tigre de la historia.


Políticas laborales consistentes, organizaciones coherentes, directivos consecuentes son la mejor manera para que el empleado de lo mejor de sí y ayude a construir ventajas competitivas para la organización; el látigo no hace dócil al tigre, lo reprime.



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